El experimento del Test del Malvavisco fue realizado por Walter Mischell en la Universidad de Stanford en los años 70. El experimento tiene como propósito identificar la existencia del autocontrol en niños de cuatro a seis años y consiste en sentar a un niño en una habitación vacía, ofrecerle un malvavisco y proponerle al niño no comer el malvavisco durante 15 minutos y si el niño es capaz de esperar, recibirá otro malvavisco de recompensa, pero ¿cómo sabemos que la conducta del niño durante el experimento es autocontrol y no obediencia?

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A través de la historia, la mayor preocupación, tanto de padres como de educadores ha sido brindar una buena educación mediante la eliminación en una edad temprana de la obstinación, testarudez e intensidad de los sentimientos infantiles, tales como alegría, tristeza, ira, miedo o asco.

Las emociones básicas de todo ser humano forman parte de su naturaleza biológica, pero pueden ser sustituidas por comportamientos adquiridos, aprendidos y culturalmente aceptados, como la obediencia y el autocontrol.

El autocontrol proviene de dos raíces lingüísticas, auto derivado del griego autos y se traduce como “sí mismo” y control proveniente del francés que es sinónimo de “dominio y control”, es decir, es una capacidad que se basa en la conciencia sobre sí mismo y el manejo de los sentimientos adecuadamente.

Para Rafael Bisquerra (2000) implica que la persona se percate de las emociones que siente en el momento, y aprenda a canalizarlas para sentirse afectivo en las labores de su vida cotidiana.

El desarrollo del autocontrol tiene estrecha relación con la obediencia, ya que obedecer supone controlarse para subordinarse ante una autoridad; a pesar de ser un término usado para domesticar a los animales, cuando un padre tiene como prioridad educar para la obediencia, está amaestrando a su hijo(a).

Alice Miller en su libro “Por tu propio bien” (1980), menciona la Pedagogía Negra, en la cual los padres toman control de la vida del niño en los dos primeros años de su vida y mediante medidas formativas como golpes, ofensas, humillaciones y violaciones sufridas a su libertad crean a un ser dócil y obediente, el cual, cuando crezca olvidará todo lo ocurrido en su primera infancia y al no recordar y analizar el desprecio con el que lo educaron, no guardará rencor alguno y transmitirá esa educación.

“Si los padres tienen la suerte de neutralizar la testarudez desde el primer momento mediante serias reprimendas y dando golpes con la vara, obtendrán niños obedientes, dóciles y buenos, a los que luego podrán ofrecer una buena educación” J. Sulzer (1748)

La obediencia ha sido una virtud implementada primordialmente desde niños y por la sociedad, ya que el vivir en ella implica tener pautas de comportamiento y emplearla ante diferentes autoridades durante toda la vida, pero hasta la fecha, los padres y profesores han confundido el educar enfatizando en valores a educar para la obediencia. A los niños hay que enseñarles a pensar cómo y por qué deben de actuar, para que puedan comprender las consecuencias de cada uno de sus actos y así llevar a cabo su acción de acuerdo a su propia voluntad.

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La libertad es una facultad y derecho que todo ser humano posee para elegir de manera responsable, y ésta garantiza el respeto por la voluntad individual, pero si se educa para una libertad absoluta, la conducta del niño se convertirá en libertinaje, entendiendo por libertinaje toda aquella conducta desenfrenada.

El que un niño obedezca no significa que esté siendo educado correctamente, ya que el implementar la obediencia nace del miedo a que las acciones del niño no sean las que el padre desea y la mayoría de las ocasiones el miedo que el niño tiene a los posibles castigos o reacciones de los padres, lo conducen a obedecer.

Se infiere que la verdadera educación implica colocarse en el punto medio, es decir, no crear un ser dócil que atienda la voluntad de los padres o superiores, ni un ser malcriado que ejerza su voluntad sin límite alguno. Por lo tanto, una buena educación permite al niño desarrollar su potencial y sus habilidades para llegar a un fin.

La educación, tiene como finalidad, la formación integral de todo ser humano y contribuye a mejorar la calidad de vida.  En el seno de una determinada cultura se aprende a manifestar o controlar sentimientos y emociones básicas, de acuerdo a los significados, valores y pautas culturales.

Por: Ma. Italia Méndez Monroy

Colaboradora Urbi Psi Orbi

Referencias.

Miller, Alice. (1980) “POR TU PROPIO BIEN” Raíces de la violencia en la educación del niño. Recuperado el 09 de febrero de 2017

Serrano, María (2010) Inteligencia emocional: autocontrol en adolescentes estudiantes del último año de secuencia. Recuperado el 09 de febrero de 2017

Definición “Autocontrol”. Recuperado el 11 de febrero de 2017

Pérez, Petra. (1998) El desarrollo emocional infantil (0-6 Años): PAUTAS DE EDUCACIÓN. Recuperado el 11 de febrero de 2017. Pág. 5-10

Ramírez, Julio.  Derecho a la Libertad. Recuperado el 11 de febrero de 2017

Real Academia Española. (2014). Libertinaje. Recuperado el 12 de febrero de 2017